Antes de sumergirme plenamente en cuantas razones cimientan el titulo de esta entrada, quiero decir, y de hecho digo que en modo alguno creo, entiendo o defiendo cualquier enemistad forjada única y exclusivamente en motivos étnicos o religiosos; ni que decir tiene, por supuesto, en odios amparados en algo tan banal como un lugar de procedencia, algo que, no olvidemos, nos viene dado, que no elegido, por las invisibles manos de nuestro destino.
Muy a mi pesar, entiendo necesario reflejar en esta entrada una realidad que, aunque en ocasiones silenciada, mas nunca silenciosa, es por muchos bien sabida.
En numerosos locales de la capital granadina esta terminantemente prohibida la presencia de personas, esencialmente jóvenes, nacidos, al igual que yo, en las márgenes de la Costa del Sol.
Y es que, desde la errónea creencia que promueve que malagueño y trifulca van unidos de la mano, acaban, como no podía ser de otro modo, sentenciando a justos por pecadores.
Para ser sincero, nunca he sido muy amigo de los estereotipos, pues siento que las personas que piensan que conocido uno, conocidos todos, solo enervan el reflejo de su propia ignorancia.
En mi primera, y ultima, visita a la ciudad de Sevilla, concretamente al famoso pueblo de Utrera, pude comprobar como hasta Dios y su todo poderosa iglesia iniciaban cruenta cruzada contra una familia que, tras varias horas de viaje en coche motivado por una promesa con sabor a vida, tan solo buscaba agasajar a su preciada virgen con un inmenso centro de flores.
Cuando llegamos, dos jóvenes utreranas se disponían a cerrar las puertas del templo, por lo que, rogándoles generosidad cristiana, intentamos que entendieran cuan importante era para nosotros acceder al altar de la virgen, aunque solo fuera un instante.
Cuando parecía que nuestras plegarias habían sido escuchadas, no pude evitar hacer mención a mi Málaga natal, a esa ciudad con aroma a levante y efervescente sonrisa mediterránea. Y es que, como imagino comprenderéis, ni tengo ni encuentro motivos para avergonzarme de la ciudad que me viera nacer un día cualquiera, de un mes cualquiera, de un año, cualquiera.
En ese preciso momento, hasta la Virgen nos dio la espalda cerrando las puertas de su casa por entender que, como malagueños, no éramos dignos de su grandeza.
En otras palabras, nos obligaron a permanecer por mas de 4 horas en Utrera, motivadas tan solo por el rechazo que sentían para con el nombre que toma el fragmento de tierra que es mi hogar.
A día de hoy, nunca he pedido ni he necesitado pedir el DNI a cuantas personas se han cruzado en mi camino.
Creo, entiendo y defiendo que por encima del nombre que tome su reino, son, al igual que yo, personas.
Tal vez no pueda disfrutar de la noche granadina ni de la fe sevillana; sin embargo, granadinos y sevillanos se pueden considerar convidados a una ciudad que, creo o quiero creer, abre las puertas de su alma sin buscar en el quien o en el donde fragmentos de un racismo que no nace entre desconocidos, sino entre hermanos.
Un saludo a tod@s!
Los granadinos que no amaban a los malagueños
martes 3 de noviembre de 2009
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4 comentarios:
No conocía este rechazo a la gente de Málaga, no tenía ni idea de que llegaba la cosa a estos extremos... es una pena, porque como bien dices, la gente que actúa así, es gente simple e ignorante que piensa que a ellos nunca los rechazarán ni les cerrarán una puerta por motivos arbitrarios.
En fin, esperemos que algunas cosas vayan mejorando...
- Sonia, si te digo que yo tampoco...
Lo de Sevilla y Malaga es una herida, estupida, pero una herida despues de todo, que lleva quizas demasiado tiempo abierta.
Pero no podia imaginar que existiera una tension tan palpable entre Granada y Malaga.
Francamente no se que ha podido motivar que numerosos locales nocturnos, y subrayo esta ultima palabra, hayan decidido vetar al publico malagueño por considerarlo problematico.
He tenido profesores granadinos y aunque no destacaban precisamente por su sentido del humor, tampoco puedo reseñar nada negativo en su forma de ser o actuar.
En definitiva, me hago eco de esta situacion precisamente porque no consigo entenderla.
Un beso!
Es tremendo el daño que hacen los estereotipos y los prejuicios, casi tanto como que en nuestros días sigan tan vigentes.
Tampoco tenía idea del rechazo del que hablas. Es impresionante.
Un saludo.
- Perséfone, pienso, al igual que tu, que generalizar en cualquier modo y vertiente, no puede traer nunca nada positivo.
Un saludo y muchisimas gracias por tu comentario.
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