Fantasmas del pasado

domingo 1 de noviembre de 2009

Tras casi 26 años conviviendo conmigo mismo, creo que he empezado a conocerme.
En el cenit de la noche de Halloween, allá donde la vida y la muerte confluyen en una orgía de sentimientos arraigados en el seno de la pasión pagana, cientos de personas tomaron las céntricas calles de la capital malagueña danzando al son de una macabra melodía forjada en sempiternas notas de sangre.
Siendo plena y absolutamente sincero, siempre he preferido caminar solo en el abrazo de las cálidas aguas del mar mediterráneo, que enfrentar una noche de desenfreno en cualesquiera que sean las discotecas a las que mis amigos acuden con relativa asiduidad.
Quizás por ello y ante una evidencia que caía cual plomo sobre mi propia conciencia, tuve claro que, sea cual fuese el motivo, acabaría volviendo tras mis pasos. Solo.
Mi mayor vicio, de considerarlo como tal, es única y exclusivamente el deporte.
No bebo, y difícilmente se puede llamar bailar a la concatenación de movimientos que nacen de mi tullido cuerpo.
En cierto modo, eso explica parte de mi rechazo para con este tipo de eventos sociales de los que habitualmente tiendo a rehuir.
Sin embargo, no solo tuve que enfrentarme a la banalidad de mis pensamientos, sino que, predestinado o no, tuve que luchar contra los fantasmas de un pasado que no termina de quedar atrás.
En uno de esos locales, generalmente frecuentado por góticos y demás entes de la sociedad de las almas, en pena, apareció por sorpresa un sequito de personas que entronaban la figura de un joven en una silla de ruedas.
Todos perfectamente caracterizados para tan mágica y monstruosa noche.
Pero lo que de seguro pocos podrían imaginar, es que las dramáticas deformidades en el cuerpo de este rey sin reino, no respondían a los atrezos de un disfraz.
Por que este niño, en realidad, no iba sino disfrazado de si mismo.
Aun a sabiendas del peso de mis palabras, y aunque me tome un tiempo prudencial para digerir la situación, no pude evitar plasmar a modo de un ciertamente cruel comentario, lo desagradable que me resultaba ver cuanto tenia ante mis ojos.
Nadie elige por mutuo propio pasar el resto de sus días atado a un cuerpo que en modo alguno responde a sus sentimientos, pero, de algún modo, no podía dejar de pensar en lo paradójico de tan extraña situación.
No sabría explicar el por que, pero su sola presencia, que en otra situación habría conseguido enternecerme, me provocaba una inmensa e indescriptible sensación de rechazo.
Aunque deseaba abandonar el recinto, no era en modo alguno una decisión que pudiera tomar de forma unilateral.
En ese preciso lugar se reúnen muchas de las personas que un día formaron parte de la historia de quien os escribe estas palabras.
Entre todas ellas, destaca sobremanera la figura de un niño con cuerpo de hombre al que admire por encima de todo y de todos sin tener un solo motivo para ello.
Caído el mito, el sueño de una amistad deseada se torno en la peor de las pesadillas; pesadillas que, en la noche de ayer, hube de repetir una y otra vez al tenerlo en sepulcral silencio frente a mi durante una velada sinceramente soporífera.
No es que su mera presencia pueda asustarme. Mas bien, es sentir cuan desagradable es tener ante ti a alguien a quien un día creíste amigo, y que te acecha cual hiena en silencio esperando por un algo que no alcanzas a entender.
Divertido, mi entrenador se refiere últimamente a mi como a su cachorro.
Ayer entendí por fin que ni en la noche de los muertos mecería el viento el susurro del aullido de mi manada.
Y es que soy de los que aun creen que la noche, es solo para soñar.
Un saludo a tod@s!

3 comentarios:

Chari dijo...

La verdad queridísimo amigo, es que tus historias (tan reales como creibles), no tienen desperdicio alguno. Me haces conocerte un poquito más y dejas que tus sentimientos (que son buenos) nos lleguen al corazón y nos emocionen.
Personalmente, también prefiero la noche para dormir y soñar con los angelitos a los que llamo siempre a mis sueños. Fui (hace años) adicta a esas noches locas de juerga, donde podías ir por las calles a las tantas de la mañana sin ningún tipo de miedo. ¿Pero ahora? sólo le pido a Dios, que mis hijos prefieran las noches para dormir, ya que no les aguarda nada bueno en ellas fuera de casa. Un super besiro amigo.

Sonia dijo...

A mí tampoco me gusta salir de noche, prefiero quedarme en casa durmiendo y eso... Tiene razón Chari, la noche de ahora no es la de cuando salía las primeras veces.
Y ese antiguo amigo que se mantiene cerca y no sabes para qué.. pues no le hagas ni caso si no te aporta nada bueno.

noee dijo...

coincido con lo q decir la noche es para soñar , tengo 20 años y tampoco me gusta salir , es poco comun lo mio tener 20 años y q no te guste salir pero bue para mi es asi.............. es feo darse cuanta que los amigos sean asi , lo mejor es alejarse , ami me paso mis llamadas amigas me dieron la espalda cuando mas las nesesitaba pero la vida es asi capas tenes suerte y tenes amigos de oro o capas no como ami tenes alrededor personas q se llaman amigos