Allá donde muere el amor

viernes 23 de octubre de 2009

Una vez creí que podía comerme el mundo....
Esta es la historia de un amor prohibido, o mejor dicho, del dolor que arraiga un poeta en cuya poesía nacen y mueren versos de un desamor platónico.
Tras sobreponerme, en la medida en que me fue posible, al trauma que me supuso entender que mi cuerpo se hallaba manchado por las manos de la corrupción, trate de enderezar el rumbo de un camino que no alcanzaba a divisar en pos de ser como se suponía debía de ser. Y es que a los hombres, han de gustarnos las mujeres.
Por ello y durante la feria de Málaga del año 1997, hice cuanto estubo en mis manos para satisfacer todos y cada uno de los deseos de una joven por la que he de reconocer, no sentía absolutamente nada, por mas que en ello pusiera puño y alma.
La casualidad, o tal vez los delirios de mi destino, la hicieron desaparecer por unos segundos de mi vista, perdiéndose entre una multitud enardecida en una orgía de luces, música y desenfreno.
Y yo, estúpido caballero de tiempos muy lejanos, la busque desesperadamente en una carrera contra el tiempo, contra el mismo tiempo en cuyas agujas ya se percibía el aciago aroma de la sangre, de la sangre, que segundos después manaría a raudales y cual río de mi entonces ya destruida nariz.
Aquella noche solo encontré el resquemor de la sirena de la ambulancia que de urgencias hubo de atenderme.
No pude verla. De hecho, nunca volvería a verla.
Tan solo 4 años mas tarde, y cuando me alzaba afamado delantero de mi equipo de fútbol sala, decidí dejarlo todo para acariciar el viento de manos de Cristina, una compañera de clase por la que perdí algo mas que la cabeza...
Cristina competía asiduamente en uno de los entonces dos únicos equipos de atletismo de la capital malagueña. El Divino Pastor.
Tal vez no sea acertado decirlo, pero estaba tan habitado a huir de las palizas de según que compañeros, que casi sin darme cuenta me había convertido en un incansable corredor.
Como decía, no tarde demasiado tiempo en dejar a un lado las pelotas, de fútbol, para enfrentar una vez mas la siempre sorprendente carrera del amor. Carrera que, como ya sabréis, perdí en una calurosa tarde de verano cuando dije adiós, por y para siempre, a mis ya inalcanzables sueños de erigirme en un afamado deportista.
Y como la fría brisa de invierno en las orillas de la playa malagueña de la Misericordia, Cristina desapareció de mi vida sin siquiera decirme adiós.
Nunca supe y seguramente nunca sabré si realmente llegue a amarla alguna vez.
3 años después, y en el único año que hube cursado mis estudios en un Instituto Nocturno, una experiencia a mi ciertamente inolvidable, conocí a Maria, una chica frágil, casi cristalina, acuciada por una enfermedad que debilitaba sobremanera sus defensas, por lo que no era extraño verla faltar a clase con cierta frecuencia.
Sin embargo eso no impido que rápidamente surgiera una gran relación de amistad entre los dos.
¿Sabéis? Siempre he deseado encontrar a alguien que supiera, pudiera y quisiera protegerme. Al final, me he dado cuenta de que soy yo el que esta llamado a proteger a cuantas personas se hallan a mi alrededor.
Maria me evocaba tanta ternura, que no tarde en caer rendido ante su sonrisa.
Por primera vez he de decir, que me creí realmente enamorado.
La noche en que halle valor suficiente para enfrentar y hacerle saber mis sentimientos, la vi salir por la puerta de clase del brazo de otro chico.
Maria no me rompió la nariz. Tampoco la pierna. Me rompió algo que no se puede tocar, pero que duele tanto o mas que todos y cada uno de los huesos de mi cuerpo.
Por que después de todo, Maria, me rompió el corazón.
Una vez creí que podía comerme el mundo....
Al final... el mundo me comió a mi.

3 comentarios:

lully dijo...

Una bonita historia con un final de corazón roto, pero ese, considero yo, fue un enamoramiento, nada más. Bonita historia Sergio, la vida está colmada de realidades plasmadas que luego son parte de nuestra historia.

Hugs again!

cuchillita dijo...

Hola mi niño:
Una bonita historia, con un final algo triste, pero es lo que tiene las historias de amor que terminan mal, pero la vida es asi, caer y volverse a levantar, y nunca perder la esperanza Sergio, porque yo creo que cada uno, tenemos nuestra alma gemela, simplemente a veces tarda en llegar...
Que sepas, que aunque no este en este mundillo de los blog ya, no me olvido de ti, a veces te leo, pero ya no comento, pues deje esto, y es normal que deje tambien de comentar, pero de vez en cuando me apetece decirte algo, porque me entristece mucho lo que cuentas, y espero que alguna vez, pueda leer algo bonito,que me llevaré una gran sorpresa.
Sergio cuidate, que vales mucho, no lo olvides nunca.
Un besazo guapo!

Sergio dijo...

- lully, yo tambien lo creo. En las otras dos ocasiones yo me esforze por mostrar interes en ellas. Sencillamente porque era un hombre, y ellas mujeres. Algo auto impuesto.
Hugs and kisses for you too! ;)

- Pili, me alegra de leerte nuevamente.
Para lo que desees, sea lo que sea y siempre que pueda ayudarte, tienes mi email: walkontheedge@hotmail.com
Cuidate mucho y un besazo!