La luz de la sonrisa

jueves 11 de junio de 2009

A lo largo de ese camino que dibujamos en cada paso, con cada una de nuestras decisiones, ese camino que alguien un día bautizara con el nombre de vida, nos encontraremos de frente con personas capaces de todo por conseguir nuestro afecto.
Otras, por el contrario, puede que no lleguen a querernos tanto, incluso, puede que no lleguen a querernos.
Del amor al odio hay tan solo un paso. Al menos, eso dicen....
Pero la frontera invisible que separa ambos puntos es, sin lugar a dudas, la mas dolorosa prueba de nuestra existencia.
Hablo, como no puede ser de otra forma, de ese sentimiento sumamente amargo, incoloro, hiriente. Os hablo de la indiferencia.
Tiempo a conocí una joven de la que quede sumamente prendado, y es que no hay nada mas hermoso que una persona en cuyo rostro se dibuja por siempre la luz de una sonrisa.
Demasiada mujer para tan poco hombre....
Al final, y como no podía ser de otra forma, se enamoro del típico joven alto, moreno y de torso definido y musculado.
A pesar de todo, soy plenamente consciente de la marcada diferencia entre el aspecto físico y los sentimientos que pueda arraigar una persona.
Como nuestra relación seguía siendo relativamente positiva, ella nos presento en una de tantas quedadas que años atrás tenían lugar en el seno de mi ya extinto grupo de amistades.
A este encuentro siguieron otros tantos donde, de forma a mi bastante sorpresiva, cada vez que estábamos el uno frente al otro, se presentaba como si fuera la primera vez que me veía.
La primera vez lo dejas pasar como una anécdota divertida. Pero la cuarta, la cuarta vez te hace sentir mal, te hace daño.
Entiendo que quizás no estábamos llamados a ser buenos amigos, pero que menos que recordar a una persona a la que has visto varias veces en un corto periodo de tiempo.
Aunque esa persona no significara absolutamente nada para mi, su indiferencia para con mi persona se clavaba en mi cuerpo como las espinas de una rosa marchita.
El mero recuerdo de esta situación, me ha estado haciendo daño desde entonces....
Hasta ahora....
El pasado domingo, recorriendo como siempre las entrañas del que me atrevería a denominar como mi paseo marítimo por las innumerables referencias que a el hago al cabo del día, me encontré, tras 9 meses sin vernos, con el equipo de vigilancia de playas de la ciudad de Málaga, a muchos conocidos por glóbulos blancos, pues sus vestimentas son, evidentemente, de dicho color.
Con uno de ellos, el mas joven del grupo, tuve la oportunidad de hablar en numerosas ocasiones durante el verano del pasado año, y es que son pocas las personas que se atreven a hacer ejercicio cuando el terral aprieta. Pocas, claro esta, salvo un servidor que tiene de poeta lo que tiene de cauto. Nada.
Mientras que el resto de sus compañeros prosiguió su marcha, el tuvo en si la generosidad de regalarme una enorme sonrisa acompañada de un divertido saludo.
Se acordaba de mi, aun habiendo transcurrido 9 largos meses desde nuestro ultimo encuentro.
De algún modo, su sonrisa, su semblante, su gesto para con mi persona, consiguió curar una herida a la que, quizás, nunca debí haber dado tanta importancia...
Un saludo a tod@s!

2 comentarios:

_ALMA_ dijo...

Es increíble como son los pequeños gestos los que nos marcan, y casi siempre, esas personas no se han dado ni cuenta! Me alegra que te hayan curado la herida.

PD: Si alguna vez me ves por la calle y no te saludo probablemente es porque no te haya visto, aunque te parezca que te he mirado, seguramente estaría mirando una mosca o cualquier tonteria, así que saludame si no lo hago yo antes!
Es que esto me suele pasar mucho, la gente se cabrea y yo me quedo to loca. xDDDD

Sergio dijo...

Si. Supongo que sufrir una depresion acentua si cabe aun mas el hecho de que los pequeños detalles te marquen, para bien o para mal.
PD: A mi me pasa exactamente lo mismo. Sobretodo cuando estoy pensando en algo y aunque tenga de frente a alguien muy conocido, muchas veces tardo hasta 1 minuto en percatarme de ello. :P
Un beso!