Expediente X - La planta que se movia sola -

viernes 5 de junio de 2009

Cuando eres incapaz de explicar un suceso bajo los rigores de la fría lógica, te encuentras ante un autentico expediente X.
Ante todo quiero recalcar que pudiendo ser o no creído, todo cuanto escribo en cada una de las entradas del blog es ciertamente real, o al menos, mi visión personal de la realidad que me envuelve.
Mi madre se ha encargado de dar forma a un pequeño y singular jardín que recorre cada palmo de mi casa, incluyendo estancias tan peculiares para esos quehaceres como la cocina.
Es precisamente en este lugar donde ha tenido cabida un acontecimiento tan extraño como inexplicable del que únicamente hemos sido testigos mi padre y yo.
Frente al lavadero, a escasos centímetros de una ventana que da a parar a la calle, se sitúan de forma paralela hasta cinco macetas de muy diversos tamaños.
Hace unos días, no sabría precisar cuantos, me encontraba dando buena cuenta de mi almuerzo cuando sentí una extraña y angustiosa sensación recorriendo cara poro de mi piel.
A sabiendas del incesante numero de sucesos extraños acaecidos últimamente en mi presencia, trate de no convertir una simple sensación en un sentimiento obsesivo para con aquello que a priori, no puedo ver ni entender.
A mi alrededor solo se dibujaba el susurro del silencio. Todo, aparentemente, estaba en calma. No. Todo no.
Las ramas de una de las macetas se movían solas a una velocidad de vértigo, como si se doblegaran ante un viento a mi imperceptible.
Las ventanas estaban completamente cerradas. Entonces, ¿por qué se movían las ramas?
Mientras trataba de dar respuesta a dicha pregunta, me percate de que, misteriosamente, las hojas de las otras macetas permanecían completamente inmóviles.
¿Cómo era posible?
Me levante de la silla dirigiendo mis pasos hacia la lavadora sobre la que se alza el jardín del edén materno, para comprobar, aun mas sorprendido, como la maceta cesaba su movimiento con la misma brusquedad con la que dicho suceso hubo comenzado.
Volví a la mesa, termine en la medida de lo posible el almuerzo, y trate de convencerme de que todo aquello tendría algún tipo de explicación lógica, aunque dicha explicación, de momento, escapaba a mi conocimiento.
Antes de ayer, con la luna esbozada en lo mas alto del cielo, me dirigí nuevamente a la cocina donde mi padre preparaba la cena de mis hermanos.
Algo raro debía pasarle, pues su rostro se dibujaba serio y preocupado, como si algo le hubiese sucedido durante los minutos que había estado solo en la cocina.
El rostro del ser humano es, en determinados momentos, un libro abierto que alberga los sentimientos y emociones de su dueño.
Por ello no dude en preguntarle si había ocurrido algo destacable durante mi ausencia, aunque el, muy serio, me lo negó en reiteradas ocasiones.
Transcurridos unos 15 minutos de aquel anecdótico interrogatorio, mi padre requirió mi presencia en la cocina.
Me miro fijamente a los ojos y me dijo que seguramente no me creería lo que le había sucedido. Pobre, pensé para mis adentros, si supiera la de cosas raras que me han pasado y que he preferido callar para evitar mi inmediato ingreso en un psiquiátrico....
Sergio, prosiguió, ¿cómo es posible que una de las plantas se mueva mientras que las otras, contiguas a esta, se encuentran completamente quietas?
Entonces no pude sino ponerme a reír. ¡A el también le había pasado!
En fin, no se si me estoy volviendo loco, pero de ser así, es locura hereditaria.
Un saludo a tod@s!