Vergüenza. Esta palabra se repite incesantemente en mi cabeza desde que en el día de ayer y de casualidad, leyese en un medio de comunicación online como un cantante que, mas que cantar, da el cante, confesaba públicamente haber sido victima de abusos sexuales por parte de un miembro de la Iglesia.
Enrique del Pozo, que así se llama el susodicho artífice de esta entrada, es un personaje lamentable, patético y aprovechado que ha intentado vivir del éxito que obtuviese un día hoy muy lejano en el tiempo.
Desde el preciso instante en que leí la noticia asumí, aun a riesgo de parecer pretencioso y prejuzgar el supuesto dolor de una persona, que este individuo recorrería los diferentes platos que conforman eso que llaman crónica social, a mi circo televisivo.
Lamentablemente, no me equivocaba....
Tan dramática experiencia, de haberse producido en realidad, cosa que, permitidme, dude, no era sino la inequívoca forma de hacerse nuevamente un hueco en una de tantas funciones circenses que recorren las diferentes televisiones nacionales, haciendo de oro a personajes que en modo alguno representan la realidad social de nuestro país.
No solo sacrifico su dolor en pos de un dinero corrupto, sino que no dudo en explicar con todo lujo de detalles, desde una morbosidad aberrante, los sucesos que, supuestamente, habían acaecido cuando tan solo era un niño.
El dolor de un niño no tiene precio. Mi dolor, no tiene precio.
Los abusos sexuales en la infancia abren heridas invisibles en lo mas profundo de tu alma. Dicen que el tiempo todo lo cura, pero hay cosas con las que uno aprende o ha de aprender a vivir mientras su corazón albergue un atisbo de esperanza por el que seguir latiendo.
Es un dolor amargo, indescriptible, frustrante.
¿Por qué a mi? Pregunto para mis adentros aun a sabiendas de que nadie podrá responder jamás a una pregunta que nunca debió haber existido.
Estoy marcado de por vida, como el ganado que pace inocente sin saber que, quizás, mañana no volverá a salir el sol. Al menos, no para ellos.
Por todo ello no puedo sino sentir desprecio, indignación y vergüenza por un personaje que ha hecho del dolor de tantos y tantos niños, que ha hecho de mi dolor, un motivo por el que pasar por caja.
El dolor de un niño no tiene precio
domingo 7 de junio de 2009
Publicado por
Sergio
en
02:18
Etiquetas: abusos sexuales, curas, dinero, dolor, Enrique del Pozo, infancia, La Noria
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1 comentarios:
ay, sergio, noto en ti, tanto dolor, y lo transmites y mucho, y me dejas sin palabras..
Sobre ese personaje es un hijo de p..., porque a jugar con el dolor, de los que los demás niños han sufrido de verdad no hay derecho, debería ser delito, mentir en ese aspecto. Un besazo encanto!
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