Confidencias de un suicida

sábado 27 de junio de 2009

La depresión es probablemente uno de los mayores enemigos del ser humano en una sociedad en perpetuo movimiento; una sociedad en la que no todos sentimos tener cabida.
Es muy difícil caminar cuando entiendes la risa ajena como la espada de Damocles que, en su macabra danza, atraviesa impunemente tus complejos y debilidades, o lo que es lo mismo, caminar se alza ardua tarea cuando entiendes que quien se ríe a tu lado, lo hace de ti, y no contigo...
Enfrentar este pensamiento no es en modo alguno sencillo. Convivir con el, es sencillamente imposible.
La depresión ha sido mi principal enemigo desde que mi cuerpo decidiera un día revelarse contra aquel que antaño fuera su único y legitimo dueño. De hecho, este mal me fue diagnosticado en una de las innumerables visitas que realizara durante el pasado año para revocar los efectos de una herida física de la que fluye la sangre de mi alma.
Entonces debí haber hecho llegar dicho diagnostico a mi medico de cabecera con la finalidad de atajarlo en su fase mas temprana y evitar situaciones que de algún modo ya debían estar escritas en mi destino.
Resumir un año en palabras es algo que sinceramente queda lejos de mi alcance, pero resumir el dolor de una persona prisionera de una existencia a veces deseada, a veces la peor de las condenas, es perfectamente factible en el seno de una palabra de fácil pronunciación, mas de amargo significado: suicidio.
La sensación de sentir que mis sueños eran solo quimeras de la noche, el perpetuo convencimiento de sentirme un bueno para nada, todo, todo me hacia ver que no merecía la pena seguir viviendo.
La semana pasada me encamine hacia el centro medico mas cercano con una idea tan triste como obsesiva. Debía poner punto y final a mi existencia y ya sabia como y cuando podría hacerlo.
Era consciente de que el medico que habitualmente me lleva no estaba pasando consulta, por lo cual tan solo tendría que fingir un buen papel, quizás el mejor y ultimo papel de mi vida, para conseguir de puño y letra las palabras llamadas a sentenciar mi libertad.
El Lorazepam es un medicamento comprimido con una doble finalidad. Ayudar a las personas con problemas para conciliar el sueño y a su vez actuar como relajante corporal.
Una dosis superior a la permitida (1 cada 24 horas) puede tener consecuencias fatales, por lo que no se suelen recetar a personas que sufren depresión o que tienen habitualmente pensamientos suicidas.
Por macabro que resultase el pensamiento, jugaba con ventaja. Nadie sabia ni sabría nunca el por que de mi interés por dicho medicamento.
Pero la realidad era otra. Quería gritarle a la doctora que me estaba muriendo, que deseaba morirme. O al menos, que creía desearlo.
Quería pedirle ayuda. Quería llorar. Quería tantas cosas...
Pero no había mas color que el negro en mis pupilas. Mirase donde mirase, todo era oscuridad, dolor, sufrimiento. Definitivamente, no merecía la pena seguir adelante.
En mi juventud y adolescencia había sido eterno secundario de diversas y variadas obras de teatro.
Estaba ante mi ultima función y solo yo estaba llamado a cerrar el telón de mi vida por y para siempre.
No es fácil mirar a los ojos a una persona que en su inconsciencia no sabe que esta firmando en fuego tu propia sentencia de muerte.
Es una sensación indescriptible. Amarga. Nauseabunda.
Si mi existencia no era en si lo suficientemente patética, me hallaba ante una situación de un cáliz sumamente surrealista.
Ya tenia en mis manos el pasaporte hacia el infierno, pero no tenia en mis bolsillos el dinero suficiente para pagar tan dramático viaje.
No solo dependía de los demás para vivir, también estaba condenado a hacerlo para morir.
Todo esto tuvo lugar con la caída de la tarde de un día cualquiera nacido y muerto en los albores de la semana pasada.
Estaba tan convencido del paso que iba a dar, que siquiera fui capaz de saludar a mi padre en su retorno a cada tras una extenuante jornada de trabajo.
Tras mirarme fijamente , me ofreció dinero pensando que lo desencajado de mi rostro era consecuencia de algún deseo que no podía hacer realidad por mi delicada situación económica.
No dude en rechazar su ofrecimiento. No podía permitir que mi padre tuviera que pasar el resto de sus vidas pensando que de algún modo había costeado la muerte de su propio hijo
Aquella tarde fue sin lugar a dudas una de las mas difíciles de mi vida.
Estaba tan cansado emocionalmente, que me creí incapaz de ponerme nuevamente en pie.
Con la caída de la noche mi padre, mi madre, y el loco que hoy escribe estas palabras, nos sentamos en el sofá del salón para ver uno de los programas que mas he disfrutado desde que tengo uso de razón y del que ya os he hablado en otras ocasiones. El Hormiguero.
Os puede parecer ridículo, casi patético después de todo lo que habéis tenido que leer hasta llegar a este punto de la entrada, pero casi sin ser consciente de ello, me di cuenta de que aun había cosas que aun podían hacerme reír.
Me estaba riendo junto a las mismas personas a las que mi actitud haría infelices el resto de sus vidas.
Y una vez mas, fui incapaz de seguir adelante....
Y es que puestos a morir, que menos que morir luchando.
Un saludo a tod@s!

2 comentarios:

cuchillita dijo...

Si lucha y no te rindas..eres muy joven y te quedan muchas cosas maravillosas seguro por pasarte y no debes rendirte por que esta vida,a veces es muy cruel...pero tambien trae consigo cosas maravillosas, solo tienes que abrir un poquito los ojos y las verás...se que cuando estas mal,no las ves, pero existen creeme, muchos animos corazon!!!

Sergio dijo...

Una vez mas muchisimas gracias por tus palabras y tu apoyo.
Tienes toda la razon, cuando estas deprimido no existe mas color que el negro, pero si te esfuerzas en mirar bien a tu alrededor, hay una inmensa variedad de colores a los que aferrarte para seguir luchando.
Un beso!