Mi madre, en alusión a su a mi dramática deficiencia auditiva, suele jactarse de su suerte a la hora de no ser participe de según que comentarios, y es que como bien dice, hay cosas que es mejor no escuchar.
Hacer gimnasia al aire libre no solo regocija mis ojos con siluetas y figuras de ensueño, también perturba mis oídos con palabras y situaciones que ponen a prueba mi ya de por si maltrecha paciencia.
Ayer, auspiciado por un sol de justicia que caía a plomo sobre mi cabeza, me dispuse, como cada tarde, a regurgitar cual pajarillo el almuerzo en forma de espasmos abdominales, espasmos que, en ocasiones, se camuflan de orgasmos sexuales en el rostro de algún compañero de faena.
Desafortunadamente para mi, estos compañeros se habían tornado payasos de una función circense donde las risas de unos, debieron ser el llanto de muchos otros.
Me explico. Estos tres notas, y entiéndase por nota al típico personajillo cutre autóctono de la fauna española que piensa que el mundo gira entorno a su persona, hablaban en voz alta de su afamada carrera delictiva.
Trafico de drogas, robo con violencia y agresión eran, entre otros, los grandes honores en los que estos señores conseguían vanagloriar un ego, a mi un tanto singular.
Cada vez que hacían mención a una de sus infinitas fechorías, buscaban desesperadamente con la mirada un rostro, mi rostro, en el que por momentos se dibujaba una sonrisa casi tan amplia como el historial delictivo de la santa trinidad.
He de reconocer y reconozco que en mi infancia, adolescencia y juventud, sufrí innumerables vivencias en las que me vi incapaz de actuar con determinación auspiciado por el miedo, legitimo, que cualquier persona puede sentir ante una situación que escapa a su control.
Sin embargo, y quizás por mi carácter aventurero y temerario, un carácter que he forjado a lo largo de los últimos años, soy incapaz de agachar la cabeza ante este tipo de personajes y situaciones.
Al extenso repaso a sus aventuras en el inframundo policial, prosiguió un debate aun mas emocionante entorno a la figura de las dietas milagro que uno de ellos decía seguir en pos de mejorar una figura casi tan desproporcionada como la ineptitud de su dueño.
Entonces, uno de ellos que había permanecido en silencio durante casi toda la contienda, abrió los labios para que de entre ellos naciera una frase que consiguió poner fin a todo el empeño con el que hacia ejercicio en ese preciso instante.
Cito textualmente:
Yo tengo asumido que dentro de 30 años voy a ser un bola (en referencia al sobrepeso muy común en muchos españoles de mediana edad). – Los otros dos asienten rápidamente con la cabeza –
Me veo todas las tardes en el bar con mi cervecita o aquí en la playa con los colegas mientras mi mujer cuida de los niños....
Tal cual termino la frase, tome las llaves de casa entre las manos y las estampe en el banco de abdominales. Todos se quedaron mirándome asustados ante mi reacción, sin ser conscientes de que mi idea inicial era estampárselas en la cara.
Respire profundamente, tanto, que podía sentir un río de aire penetrando por entre mis entrañas.
¿Por qué un personaje de esa calaña no solo tenia pareja sino que en el futuro y de seguro haría realidad el que es uno de mis mayores sueños?
Y sobretodo, ¿qué habría sido de mi dentro de treinta años?
Siquiera puedo saber cuanto va a ocurrir en los siguientes minutos, pero de algo estoy seguro, dentro de 30 años, quiero creer que ninguna mujer se seguirá sometiendo a los desirios de este tipo de personajes que nunca debieron escapar del zoológico donde nacieron.
Un saludo a tod@s!
30 años mas tarde....
jueves 14 de mayo de 2009
Publicado por
Sergio
en
06:05
Etiquetas: fauna iberica, machismo, personal
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2 comentarios:
Uhmm, la verdad es que las malas personas acaban en puestos de poder o dinero, creyendose felices, y para ellos es suficiente.
Nosotros que tenemos mala suerte, que le damos mil vueltas a las cosas y nos encanta pensar y pensar, sufrimos más los golpes de la vida, cuando vemos que hay gente que vive tranquilamente su ineptitud, sin interesarse por nada y además son recompensados... quiero creer que a todos les llegará su hora, y cuando se encuentren sumidos en la tristeza, ya será demasiado tarde.
Vaya, me alegra tener la oportunidad de volver a leerte.
¿Que tal te encuentras? ¿Que tal va todo?
Un beso!
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