De jueces sin juicio

jueves 10 de julio de 2008

No nos engañemos, la mayor de las injusticias que existen en este, nuestro mundo, es la propia forma de hacer justicia de personajes que han llegado a creer que en la toga esta la sabiduría.
Podría citar innumerables ejemplos en los que la ineptitud de la persona llamada a hacer justicia ha hecho del inocente culpable a los ojos de un mundo que aguarda cualquier atisbo de debilidad para poner fin a tu existencia. Es la ley del mas fuerte, es la justicia injusta.
Como relataba meses atrás y tras un altercado con el dueño y señor de una afamada, no por la calidad del servicio ni la amabilidad en el trato al cliente, tienda de informática, concretamente, ya que no me tiembla el pulso para poner a cada cosa el nombre que le corresponde, ABACOS Informática S.A., con el "señor" Gustavo, gerente de la misma a la cabeza, se produjo un juicio de faltas en el Juzgado de Instrucción No 5 de la capital.
El juicio comenzó con 1 hora de retraso por la inexplicable e inexcusable tardanza del juez que esa mañana estaba destinado a hacer justicia para conmigo y los míos, aquellos que ya no volverían jamás de entre la tierra que un día les vio nacer, pero al que este patético personaje malagueño tubo la osadía de faltar el respeto en mi presencia, causa principal de la celebración de un juicio en el que quedaría patente el pésimo funcionamiento de la justicia en España.
Apenas unos minutos antes del comienzo, supe que a mi denuncia había seguido una contradenuncia contra mi persona por amenazas. No salía de mi asombro cuando fui llamado al estrado para declarar.
Como antes contaba, el juicio se había retrasado en exceso y eran mas de 10 los juicios que debían celebrarse a lo largo de la mañana en dicha sala, por lo que el "señor" magistrado no creyó conveniente escuchar nada de lo que tenia que decirle.
Cada vez que intentaba argumentar lo sucedido para acreditar mi verdad y con ella hacer entender a los allí presentes el sentimiento de indignación que había motivado mi denuncia, este señor respondía con frases tan cortantes como afiladas espadas del tipo: "al grano", "no me interesa", ect...
Cuando quise acreditar sentencia en mano que este no era el primer juicio al que este señor y su empresa se enfrentaban por causas similares, el juez alego que no le interesaban ningún tipo de sentencias anteriores a las que en ese momento ya se estaba dictando en la sala.
Obviamente, respondí, me era imposible albergar una sentencia posterior a un hecho que se estaba produciendo en ese mismo momento.
Mi respuesta, aun cargada de una lógica aplastante, sirvió para que el señor juez me hiciera callar de por vida y diera por concluido el juicio, al menos, en lo que a mi persona concierne.
Posteriormente supe que la denuncia que este personaje había interpuesto contra mi persona era únicamente por haber dicho en voz alta que cuanto me había hecho no quedaría impune y que nos veríamos en un juicio, cosa que, evidentemente, no solo no era una amenaza, sino que era una realidad palpable en el ambiente.
Mientras salíamos de la sala, tuve que morderme la lengua en mas de una ocasión al comprobar anonadado como parte del jurado se acercaba a este individuo para saber en cuanto dinero les dejaba un portátil similar al que había portado durante los escasos 5 minutos en los que se había dictado una sentencia inamovible a una injusticia que de seguro se volverá a producir algún día.
Quizás os preguntéis como acabo todo, quizás no...
Fui absuelto. Absuelto de no hacer nada. La pobre mujer que portaba la sentencia trato vanamente de animarme al felicitarme por mi recién conseguida absolución, pero sus palabras casi consiguen despertar al animal que todo hombre lleva dentro.
Gustavo también quedo absuelto por falta de pruebas. Cosa lógica por otra parte, ya que su señoría se negó a escuchar cuanto tenia que decir en un juicio que era mío, pero que dejo de serlo desde el instante en que cruce las puertas de la justicia para sentir en mi piel la amargura de lo injusto.
Casos como el del web master de la famosa web www.merodeando.com, condenado a pagar 9000 euros a la SGAE por hacer de la libertad de expresión un valor de ética y moral del que muchos jueces carecen, no hacen sino confirmar que la justicia, la libertad y los valores están en clara decadencia, o como Rajoy gusta llamarlo, crisis.
Un saludo a tod@s.
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