Desconozco si algún medio de comunicación se hará eco de cuanto sucedió en la noche de ayer Sábado día 5 Julio en las proximidades de una de las zonas más populares de la capital Malagueña, la Avenida Europa, mas concretamente en las inmediaciones de la no menos famosa Calle Conejitos.
Pasaban unos minutos de las 22:00 horas cuando desde mi salón pude escuchar unos gritos que provenían de la calle. Al principio no le di mayor importancia, pero tras unos segundos en los que el eco de decenas de voces se fundían en un ruido atronador, decidí acercarme a la ventana de mi cocina para comprobar sorprendido como eran bastantes las personas que se encontraban en las inmediaciones de un pequeño centro comercial observando al unísono una escena que escapaba a mi campo de visión.
Sin saberlo, estaba a punto de hacer real ese dicho que dice "la curiosidad mato al gato".
Sin pensarlo dos veces, me vestí y salí corriendo en dirección a la calle para comprobar con mis propios ojos cuanto allí estaba acaeciendo.
Es difícil, mucho, explicar lo que mis ojos vieron en el momento en el que alce la mirada hacia el lugar donde un joven de procedencia latino-americana me había indicado segundos antes.
Un hombre de entre 25 y 30 años al que conozco desde hace bastante tiempo por ser precisamente vecino del edificio contiguo al mío, estaba asomado al balcón de su terraza, en la undécima planta de un edificio que solo cuenta con doce.
Desde allí amenazaba con suicidarse a la vez que arrojaba tiestos de macetas hacia las personas y vehículos estacionados que allí nos encontrábamos.
El revuelo en los edificios contiguos y en las avenidas colindantes era simplemente espectacular.
Desde la calle, decenas de jóvenes lo increpaban con fuertes insultos y lo animaban a saltar al vació como si de un espectáculo circense se tratara.
En ese momento sentí una mezcla heterogénea de morbo y terror. No deseaba ver a un conocido morir ante mis ojos pero debo reconocer... que tampoco aparte la mirada...
Durante aquellos segundos eternos fueron varios los vecinos que al verme allí, inmóvil, casi inerte, me rogaron que llamara a la policía para detener una barbarie que hacia años no conocía.
Sin embargo, no fui capaz de reaccionar. Era conocedor de que se habían efectuado al menos 10 llamadas al cuartel de la policía local en los minutos anteriores, por lo que me dije a mí mismo que una llamada mas no solucionaría el problema.
Alguien tendría que subir al edificio y evitar así la tragedia que se mascaba en el ambiente.
Lo que ni mis vecinos ni yo pudimos esperar nunca es que este joven con evidentes signos de encontrase bajo los influjos de sustancias poco o nada recomendables, bajara a la calle en ese preciso instante semidesnudo y con un monopatín entre sus manos.
Su fijación era uno de los jóvenes que lo había increpado desde la calle, pero en su camino hasta encontrarlo sucumbieron los cristales de varios de los negocios que se encuentran en el bajo de dicho edificio, así como las ventanas de 3 vehículos particulares que desafortunadamente se encontraban allí estacionados en el peor momento posible.
Reconozco que al verlo pase miedo, mucho miedo. Yo me encontraba a escasos 10 metros de donde el se hallaba con la única compañía del mismo joven que minutos antes había tratado de explicarme vanamente la situación.
El resto de las personas se encontraban bajo el cobijo que les proporcionaba una angosta carretera que une la Avenida Europa con la carretera que comunica Málaga en su totalidad, la carretera Cádiz.
Quede inmóvil acurrucado contra la pared, con la respiración completamente entrecortada y el corazón en un puño. Pero fue entonces cuando me di cuenta de que la intención de esa persona, aun en su estado de conciencia, no era hacer daño a nadie mas allá de hacérselo a sí mismo o al mobiliario urbano que se dibujara en su camino.
Con el crujir de la ventana trasera del que era el tercer coche que se cruzo involuntariamente en el camino de una persona hecha bestia por las drogas, dos de los jóvenes que se encontraban al otro lado de la calle, la cruzaron sin pensárselo dos veces ataviados también con un monopatín entre sus manos.
De un certero golpe lo tiraron al suelo, y donde segundos antes solo había dos personas, ahora había 10 golpeándolo salvajemente mientras muchos de los que allí se encontraban pedían su muerte.
Todo esto sucedía a 3 metros de donde yo me encontraba. La imagen no la podré olvidar en toda mi vida, porque es imposible olvidar la sonrisa de una persona que graba con su móvil una salvajada que casi superaba ya a cuanto este joven había hecho durante el tiempo que había durado el altercado.
No pude contenerme y mientras que intentaban matarlo, pues esa era la única intención de aquellos golpes, me acerque a ellos fruto de la desesperación de una escena tan horrible como cualquiera de los cuadros de Dante en los que queda reflejada la crudeza del infierno, y gritándoles les pedí que le dejaran, que no siguieran pegándole, que no lo mataran...
Una mujer se acerco a mí y unió su voz a la mía mientras se llevaba las manos a la cabeza exasperada por la tardanza inexplicable e inexcusable de la policía.
Tenia muchas ganas de llorar. Sabia que no podía meterme por medio pues de seguro correría la misma suerte, pero no quería verlo morir ante mis ojos.
En un momento dado fui consciente de que uno de los que allí se hallaban había desenfundado una navaja con la intención de acabar en ese preciso instante con la vida de un joven que solo se tenia en pie por la inercia de las sustancias que dominaban su cuerpo.
Y cayo, cayo desplomado en el suelo mientras una voz quiso hacernos creer a todos que estaba muerto. No quise mirar. No pude mirar. Fui caminando hacia mi portal con las manos en la cabeza y los ojos llorosos mientras repetía una y otra vez en voz alta: "lo han matado".
Vivía un éxtasis de terror. Voces que se repetían por todos los rincones, la imagen de este joven siendo brutalmente apaleado, macetas que caen desde alturas inconmensurables, y una multitud que cual imperio romano, pedía la cabeza de un enfermo.
No. No estaba muerto. Pero siguieron golpeándolo salvajemente hasta que 5 minutos después una pareja de la policía quiso inútilmente "proteger" a un joven de una multitud que en ese momento perfectamente podría superar las 200 personas.
El dueño de uno de los vehículos inocentemente asesinados trato inútilmente de clavar sus colmillos en la yugular de un joven herido de muerte que casi de forma milagrosa seguía teniéndose en pie.
Todo ocurrió en no más de 10 minutos, pero para mí fue una eternidad que no me ha permitido conciliar el sueño hasta bien entrada la noche, mas aun desde el cansancio extremo y el sufrimiento que aun llevo conmigo por la experiencia vivida, he creído justo hacer llegar mi relato de lo sucedido a todos cuantos queráis perder unos minutos de vuestro tiempo en este mi diario, en este, el diario de todos.
Un saludo a tod@s.
Batalla campal en Calle Conejitos (Málaga)
domingo 6 de julio de 2008
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2 comentarios:
Bueno es la primera vez que escribo en tu blog, aunque hace tiempo que de cuando en cuando lo ojeo.
Yo se bien de que hablas, me considero de las pocas personas que conozco con capacidad para discernir muchas cosas que en la vida pasan para otros desapercibidos, la gente vive "aborregada" y "asalvajada", aunque suene a retorica, los valores morales, el honor y un muchos valores éticos que en su justa medida hacen mas digno al ser humano, están en clara decadencia...la verdad es que la humanidad me abruma (desgraciadamente para mal), pero mi verdad en la vida es rodearme de la gente apropiada y no caer en la barbarie borreguil, aferrarme a los valores personales y no perder jamas el optimismo, porque desde el mismo momento que deje de ser optimista, seré como ellos.
Un saludo
Muchisimas gracias por tu comentario y se bienvenida a este, tu blog.
El honor es algo de epocas pasadas, y son pocas las personas que tienen aun conciencia de un codigo y una forma de pensar y actuar en la vida fundamentado en los valores del respeto y la tolerancia segun que cosas.
En muchas ocasiones, diria en casi todas, mi etica se ha convertido en un arma de doble filo que no solo ha sesgado aquello a lo que yo trataba de poner fin, sino que ha cortado de lleno muchas cosas de mi propia vida persona.
Quizas por ello tener y mantener unos valores hoy en dia es algo que no todos pueden conseguir.
Un saludo!
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